viernes, 15 de agosto de 2008

Singonio

El singonio olisquea: llega septiembre.
Sus hojas y raíces avanzan en la noche.

Yo no sé por qué nos gusta domesticar las selvas.

Me arrodillo ante él en posición de guerrera
y lo desnudo.
Soy una jíbara con sus raíces al aire,
que sangran polvo.

No por mucho, eh.
Al final, el señor vence.
Hago un hueco en la tierra negra
y se la entrego toda a él
en digna ofrenda para el dios de mi balcón.

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