martes, 26 de agosto de 2008

Oda a los bolos


Estoy contenta. No sé si les conté que el último tiempo me he convertido en una fanática del juego de los bolos (bowling). Desde hace unos meses, venimos jugando con Sergio casi todos los fines de semana y, claro, vamos aprendiendo.

Pero las últimas tres o cuatro veces que jugué me fue bastante mal. Un buen jugador supera, como mínimo, los 100 puntos y yo llegaba raspando a los 70, un completo desastre. El tema me tenía mal. Soy competitiva en exceso.

Pero el viernes fui a jugar de vuelta. Estaba en la mitad del juego y, cuando ya parecía que lo había intentado todo, se me ocurrió corregir el movimiento de mi pierna derecha (empecé a estirarla hacia la izquierda al momento de tirar, en lugar de hacia atrás). ¡Y funcionó! Adiós, adiós, maldita canaleta. Ya en el segundo juego era la de siempre.

Ayer fuimos otra vez, pero a Paloko's, para festejar el cumple de Ser, y, gracias al movimiento corregido y a las bolas con buen grip que había en el salón, fui una aplanadora: jugamos dos partidos; en uno hice 109 y en el otro, 114. Gané los dos.

Pero dentro de esta "bowlinguista" amateur sigue habiendo una poeta, así que los dejo con una lectura temática. Un poema del señor don Gerardo Diego, Académico de la Real Academia Española de la Lengua. Noten la musicalidad del poema, que remite al ruido que hacen los bolos al ser golpeados.

ODA A LOS BOLOS
A Jesús Cando

Quiero cantar los bolos. Que repique
mi verso duro y su rimar machaque
igual que bola en bolo y multiplique
la estaca seca y su furor no aplaque.

Canto la viril mano que se ahueca
y moldea la masa poco a poco.
Vuela ya, oh peregrina, hacia la Meca
sobre la muda exégesis del zoco.

Oh la bola en el cielo, oh la maraca
silenciosa. Que nunca se desnuque.
Duerma aún de la órbita en la hamaca.
Clava el cenit, Josué, que no caduque.

Pero la ley, si dura, es ley. Su achaque
no perdona -oh dolor- ni a Rey ni a Roque.
Cumpliendo su sentencia de almanaque
rueda la esfera a sepultar su choque.

Bosque de invierno, el pálido tembleque
de los nueve emplazados. Cada chico,
se renueva la tala y el más jeque,
el emboque meñique no hinca el pico.

¡Potente Zeus! Raja el rayo seco
la cabeza del bolo que destaca
su honor central y el estampido hueco
se propaga en redor como una traca.

Y a la hora de la siega, ni en Tembleque
de Sancho Panza se arma tal retruque,
tal trigonometría y jeribeque.
Un mástil sólo en pie le quedó al buque.

Oh música aldeana sana y rica,
juicio final de Josafat en bloque,
danza macabra de mi patria chica,
infierno y gloria del birlibirloque.

Oh tú, Mallavia, el del sublime saque.
Zurdo de Bielba, oh mago del emboque.
Vuestra elegancia príncipe hunde en jaque
a Fidias y a Mirón. Nadie la toque.

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