lunes, 11 de agosto de 2008

Regina Spektor: Oda al divorcio

La comida, de repente, no tiene gusto a nada.
Sé que ahora estoy sola, sé a qué sabe eso,
así que rompeme en pedacitos
y dejame ir en dosis reducidas,
pero dejá algunas partes de respuesto.
Tal vez alguna sirva
para ganarte algunos dólares.
Ahora estoy adentro de tu boca
detrás de tus amígadalas,
alcanzo a verte desde una muela
mientras le hablás a otra.
Comiste algo con gusto a menta
y ponés esa cara que tanto me gusta.
Estás yendo a matar, al beso que mata,
a besar por el beso.
Necesito tu dinero, me ayudaría.
Necesito tu auto, necesito tu amor,
así que ¿por qué no me ayudás?
¿no me ayudás?



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