martes, 8 de julio de 2008

Una panza y una niña sana

Amo la fotografía, la imagen, la búsqueda del punto de vista, el encuadre, que te muestra una parte y, con ella, el todo. Saco fotografías, es una actividad que disfruto mucho, de hecho han visto algunas de ellas en este blog, pero prefiero los remansos de los profesionales que bloguean. (¿Habrá aceptado este verbo ya la Real Academia?).

Sigo con bastante regularidad la bitácora de Macroinstantes. En ella, satisfago a un tiempo mi pasión por los insectos y por la fotografía. Y hoy encontré otro remanso: la página de Leonardo Marino, un fotógrafo con un ojo muy interesante.

En su página, hay una foto hermosa, que les recomiendo ver por sus propios medios. Se llama "Mi hogar" y muestra el vientre asoleado de una mujer, muestra el ombligo, la panza. Es muy interesante cómo Marino titula sus fotos. Hay mucha ternura en ese título.

¿Qué veo en esa foto? La panza. El amor. La matriz. El origen. El nacimiento. Los niños. La felicidad.

Esto me recordó un poema que me gusta mucho de J. Antonio Azpeitia, poeta seguidor de este diario, que tenía planeado publicar hace unos días. Está dedicado a una niña llamada Mariel, hija de un amigo del poeta. Gracias a Dios la niña ahora está muy bien, pero tuvo problemas de salud, que inspiraron esta composición.

Sí, los niños son el futuro.


Poema a Mariel

Hay un Dios extraño
que juega a los dados,
con un dado enorme
de infinitos lados.
Es un Dios injusto,
caprichoso, zafio.
Castiga inocentes
y premia a los malos.

Mariel es pequeña,
apenas un año.
No ha vivido tanto.

...Es tan inocente.
Sonríen sus ojos,
aprietan sus manos.
Parecen decirme:
"Papá no me llores,
ya me estoy curando,
estaré a tu lado.

Y si así no fuera,
donde Dios me lleve,
te estaré esperando..."

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