martes, 29 de julio de 2008

Romance de la oficinista

Día atroz en la oficina. ¡Cómo añoro el verano y sus días de descanso!

Siempre hay un poema para cada sensación. Por ejemplo, hoy viene muy bien éste, de autor anónimo, uno de los primeros que debí memorizar en mis días de escuela primaria.

Romance del prisionero
Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

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