jueves, 17 de julio de 2008

Bécquer y el anatema de llamarse poeta

Tengo una cuenta en Linkedin desde hace varios meses. Hace poco, mientras le configuraba algunos detalles, descubrí que no sabía si incluir o no en mi perfil que soy poeta. ¿Qué hago?, me preguntaba.

Eso me llevó a pensar que hay toda una cuestión con autodenominarse poeta. "Soy poeta", dice la Francese, de quien ya hablé por aquí. "Soy escritor", dice un hombre de ojos grandes en la televisión y se pone a hacer rimas obscenas. Y sí, yo misma digo ser poeta en la pequeña referencia bibliográfica que está en la columna de la derecha.

Es como decir: "soy médico" o "soy ingeniero mecánico", ¿o no? ¿Entonces por qué me molesta tanto?

Bueno, por el problema que suele tener la gente para saber qué es la poesía y quiénes somos los poetas. Creo que la sociedad de hoy no tiene una idea clara sobre la poesía. Caminan a oscuras. Lamentablemente, muchos piensan que poesía es hacer rimas, que escribir es hacer floreos con las palabras, que el poeta es cursi y rebuscado.

El poeta Guillermo Urbizu transcribe en su página, Del escritorio de Guillermo Urbizu, un comentario muy interesante, escuchado en una librería:
"Bécquer es un cursi insoportable".
Y creo que la culpa de todo esto la tiene el pobre Bécquer. Sus rimas y su poesía romántica (en el sentido del período histórico) han sido tan famosas, tan populares que la sociedad las ha incorporado como propias. Los versos de Bécquer no son de Bécquer a esta altura; son de todos. Y tantos poetas han mamado de sus versos que lo que era original en él ya hoy es un lugar común. Es terriblemente cursi decirle a una chica "poesía eres tú".

No son tantos los poetas conocidos. Digamos que Bécquer y Neruda están primeros en el ránking, Benedetti anda por ahí también. Pero si preguntamos más, la gente hace agua. Nos vamos a quedar sin más nombres. ¿Qué se conoce de estos tres autores? Exacto: su poesía amorosa.

Entonces, por eso, cuando uno decide decir "Soy poeta", acepta la pesada carga de esas palabras. El anatema pesa y ¡cuánto! Se ve en los ojos de los demás. ¿Sos poeta? O sea: un romántico incurable, que se pasa todo el día escribiendo versitos, un idealista, al que no le gusta trabajar, que tarda mucho en decir lo que podría decir con pocas palabras... ¡Malditos preconceptos y etiquetas!

Esto reflexioné cuando, inocentemente, estaba completando mis datos en Linkedin. Antes de llamarme poeta delante de otros colegas y profesionales, lo pensé dos veces.

¿Qué hice al final? Bueno, puteé un poco a Bécquer, injustamente, lo sé; puteé a la rima sólo por existir; pedí a Dios que los profesores de literatura enseñaran un poco más de lírica en sus clases y, finalmente, escribí: "Poeta".

Sí, soy poeta. ¿Y qué?

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