lunes, 23 de junio de 2008

El placer de leer a Diana Bellessi

(Sí, sí... volví).

Hace unos dos años más o menos, fui becada para asistir al Taller de Poesía de María del Carmen Colombo. Una experiencia enriquecedora e inolvidable.

Lo bueno de los talleres no es sólo tener la guía de un maestro, no es sólo el formidable espacio para compartir los propios escritos y escuchar los de otros; en los talleres, además, se escuchan cosas. Las charlas de pasillo son interesantísimas. Los diálogos previos a la llegada de la profesora son breves, pero no por eso menos ricos. Te enterás de las nuevas tendencias, de qué se está leyendo, de autores que son de cabecera para otros y que vos ni conocés.

Así conocí a Diana Bellessi. Bueno, no a ella personalmente, pero sí conocí su nombre. Diana Bellessi de acá; Diana Bellessi de allá. Y la curiosidad pudo más. Y sí que valió la pena.

En aquellos tiempos, trabajaba en una consultora de escritura de la calle Bulnes (lo más cercano a la explotación y al maltrato) y cerca de allí había una librería. Me sumergía cada vez que podía entre las mesas, que querían ser una discreta Babel. Un día entré y le pregunté al vendedor: "¿Qué hay de nuevo en poesía?". Buscó y me extendió La rebelión al instante, de Diana Bellessi. "Si te interesa, te puedo hacer precio porque en la última lluvia se nos mojaron algunos libros. Goteras...". Dije que sí.

Abrir el libro fue dar un salto de no sé cuántos kilómetros. Hay poetas que cambian para siempre tu manera de leer. O todo lo contrario: que escribieron exactamente "eso" que vos necesitabas.

Bellessi tiene una mirada muy interesante. El mundo de La rebelión... está en constante movimiento, lento, pero movimiento al fin. Hay una mirada que busca lo natural, lo original, que busca las esencias. Hay una búsqueda de la calma, de la paz, pero en movimiento. Los detalles cobran protagonismo. En los detalles, está el universo.

Es obvio, pero quiero decirlo: me encanta la poesía de Bellessi. Al menos, la que conocí en La rebelión....

Pero lo lindo de las cosas lindas (¿nunca les dijeron como a mí sus profesores de Literatura que evitaran la palabra "lindo"?) es compartirlas. Los dejo con un poema de la Bellessi, que habla de Ischihualasto, un lugar que me gustó más desde la mirada de Bellessi que por mi propia visita a San Juan hace unos largos años. Es cierto eso de que la poesía nos hace ver las cosas viejas como si fueran nuevas.



Ischihualasto
Las heridas muestran el agudo tajo
de la tierra acomodándose, lo de arriba
abajo y la dulzura honda de lo vivo
en las marcas de la piedra, helechitos
que recuerdan lagunas tropicales, huesos
de lagartos en repliegues de la carne

sea roca o sea cadáver color tortura
y los campos de pelota que no entiende nadie
las redondas piedras duras escandidas
como si ánimas jugaran a las bochas
así le dicen, valle de la luna aunque
se sabe al hilo es valle de la muerte

y el silencio, ningún trino, ninguna pluma
ni gota quiere ni blablá esta tierra bárbara
o muerta quiere tu pavura tu cerrando
la boca tus huesitos molidos de arena
bajo el ojo del cielo azul impávido
que repele descripciones y reflexiones

como lo haría una tumba. Y tu cháchara
a otra parte. Sentí pesar el silencio

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