martes, 18 de marzo de 2008

Algunos poemas de Gustavo Tisocco

Nada
Nada más que mis ojos huecos
y un vendaval de voces que se burlan.

Nada más que el triste caballo de madera
con la pata rota,
las tazas descuartizadas sobre la mesa indemne
y el caracol sin su coraza gris.

Nada,
ni el instante preciso
ni los sobres con clementes mentiras
tampoco mi rabia ni tu desdén.

Nada más que soldaditos de plomo,
barco de papel que se hunde,
lobo hambriento, calesita inmóvil.

Nada más que mi despojo y mis ganas de ti
apuñalando grietas.

Nada.


Juguemos en el bosque
Juguemos en el bosque
si la bestia no está.

Si el lobo está
juguemos a la escondida.

Si te encuentran
jugarás a la mancha de sangre.

Aunque la sangre no veas
jugando al gallito ciego.

Si ríes, con la venda en tus ojos
irás a la ronda de San Miguel.

Allá en el cuartel olvidarás
direcciones, nombre de amigos
y perderás al ahorcado.

Una señorita de San Nicolás,
que sabe tejer, que sabe bordar
no quiere abrir la puerta para ir a jugar.
Inquieta espera que regreses,
pero en la rayuela llegaste al cielo.


Oruga
Me increpo en el piso,
me arrastro,
sé del frío,
del cemento,
la pradera.

Ignorado
bestial
insignificante
partícula ínfima
alimento de águilas.

Paciente
previsor
calmo
certero
vital.

Aguardo...
Me crecerán alas, lo sé.


Epitafio



No soy yo quien yace aquí
bajo un manto de pasto y amapolas.
Soy viento,
luz, incienso,
agua clara,
perla, zafiro,
leyenda.

No estoy aquí entre rezos
y lápidas.
Estoy en la fuente,
en los libros,
en las glicinas del jardín,
en las plazas,
en las risas, en la bruma.

Aquí se encuentra un simple cadáver:
huesos enterrados,
foto sin color,
inscripción de oro y plata
y un florero vacío.

No estoy aquí,
me fui a surcar el cielo.


La hiedra
Resurjo perenne desde todos los olvidos,
me nutro del néctar palpitante de labios hechizados,
y es cada brote un suspiro que derrocho,
una osadía cada gemir.

Desde mis abismos suavizo cada nota, cada estrofa,
no hay latidos equidistantes,
exhalo todos los venenos,
y macerado tu antídoto me embriaga.

Te abrazo hasta atraparte entre mis sudores,
te transformo en tritón de una errante nereida,
y sin prejuicios arranco tu último esplendor.

Soy la hiedra,
necesito el licor que me brindas,
quiero la ceremonia de un tango incrédulo,
dame tu sacrificio, tu ofrenda
y tendrás vida eterna entre mis destellos.

Gustavo Tisocco nació en Mocoretá, Corrientes, en 1969. Es médico pediatra neonatólogo.

Publicó su primer libro de poemas, Sutil, en 2001 y, en 2004, Entre soles y sombras. En 2005, presentó Huellas, un disco compacto que recopila 30 poemas de su obra anterior y del libro Paisaje de adentro, que fue presentado en 2006. Además, participó en varias antologías, internacionales y nacionales, algunas de las cuales son Palabras urgentes de la editorial Dunken (Buenos Aires, 2004) y Mujer, soledad y violencia (Cali, Colombia, 2005). El disco compacto Intersecciones es su publicación más reciente.

Dirige Mis poetas contemporáneos, sitio que difunde la obra de otros poetas.

¿Te gustó su poesía? Seguí leyéndola en:

Paisaje de adentro
Poemas de Gustavo Tisocco

No hay comentarios:

Publicar un comentario