miércoles, 27 de febrero de 2008

Por qué un poema es bueno o malo

Desde que nació este blog, me he dedicado a la tarea ardua de separar la maleza del trigo. Volví a mis poemas, los releí, en muchos casos los corregí y empecé a hacer eso tan feo que es decir "éste es bueno; éste, no".

¿Qué hace que un poema sea bueno o malo? ¿Qué hace que nos guste o no? No estoy segura de tener la respuesta, pero apuntaré aquí algunas ideas sueltas que tal vez ayuden a iluminar un poco el tema.

1. Un poema no es bueno sólo por ser lo último que escribimos: Por lo general, me pasa que amo lo último que escribí. Pero lo que amo en realidad es la sensación de terminar de escribir, de haber pasado por la experiencia. Con los días, releo y sólo unas pocas veces quedo conforme con el resultado.

Lo cierto es que con la tinta fresca se hace difícil ser imparcial. Lo que uno quiso decir está todavía rondando, nos encariñamos con ciertos giros. A veces hay que dejar que pasen años para sopesar un poema.

2. Es indispensable que un poema sea rotundo: Si es bueno, no se puede quitar ni agregar nada. Las palabras justas, nada más. Redondo, rotundo (ambas palabras tienen el mismo origen en latín, derivan de la misma palabra). Eso es lo más difícil. La verborrea puja por salir a la luz. Y hay que domarla.

Si el poema está bien escrito, no resistiría la prueba del "resumen". Con esto quiero decir que sería imposible tomar dos o tres versos que resuman su esencia. Si la esencia de un poema está en dos o tres versos, entonces ésos son realmente el poema; lo demás sobra.

3. Honesto: Un buen poema es honesto y dice la verdad. No hay mentiras. No hay palabras altisonantes. Un buen poema no se sube al púlpito para hablar desde allí; en cambio, se acerca a la gente y habla mirando a los ojos.

Suena muy moralista, pero es cierto. Si el texto no transmite una verdad, entonces no sirve. ¿Con qué se identificaría el lector entonces? Si encierra una verdad, la cosa cambia. La conexión es posible. Y la trascendencia, también.

4. El poema implica esfuerzo: Lo mismo se puede decir de mil maneras, pero una sola es poema. Hay que encontrarla. Para eso, hay que librarse de clisés. Los caminos andados no nos llevan a la poesía. Hay que llegar donde empieza el matorral y abrir camino uno mismo.

Seguramente les pasó. Con frecuencia, leo un poema de otro y pienso "qué bueno, nunca lo había visto/pensado/mirado de esta manera". Es esa mirada especial que tiene el poeta que logra descubrir a los demás las verdades de las que hablaba antes. Para mí el poeta es el que ha salido de la cueva, ha visto los colores y las formas, y ha vuelto para contarlo. Esas verdades enriquecen tanto al poeta como a sus lectores.

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