martes, 19 de febrero de 2008

Ángel González

Hoy fue un día de mucho trabajo en la oficina. Además, anoche fue el cumple de Victoria, la hija mayor de Sergio, y estuvimos de festejos hasta tarde, así que hoy el cansancio se hizo notar.

Por eso, a quince minutos de mi libertad y mi salida al mundo exterior, me tomé un descanso breve y me zambullí de un salto en la poesía. En mi nado, encontré un blog muy interesante: El balcón abierto. Ahí leí estos dos poemas de Ángel González, y me gustaron mucho. Obligado compartirlos.




Alga quisiera ser, alga enredada
Alga quisiera ser, alga enredada,
en lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salada
cuando corres desnuda hacia la orilla.
Sol recortando en sombra tu sencilla
silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,
en torno a ti: paisaje, luz, ambiente,
gaviota, cielo, nave, vela, viento…

Caracola que acercas a tu oído,
para poder reunir, tímidamente,
con el rumor del mar, mi sentimiento.


Muerte en el olvido
Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.

Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.

Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

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