jueves, 31 de enero de 2008

La palabra justa: Prévert

No me canso de leer a Prévert. Mi poema favorito había sido hasta antes de ayer "Desayuno". El impacto de ese poema en la primera página del libro que tengo de él era tal que no podía menos que leerlo cada vez que lo abría. La justeza de cada palabra, la sequedad del verso, la falsa parquedad del texto me apasionaban.

Pero volví al libro y me encontré con estos otros dos... y ahora ya no sé con cuál quedarme.

Primer día
Sábanas blancas en un ropero
Sábanas rojas en un lecho
Un niño en la madre
La madre en los dolores
El padre en el pasillo
El pasillo en la casa
La casa en la ciudad
La ciudad en la noche
La muerte en un grito
Y el niño en la vida


Antes de mediodía
Es terrible
el leve ruido del huevo duro al ser cascado contra el estaño de un mostrador
es terrible ese ruido
cuando resuena en la memoria de un hombre que pasa hambre
es terrible también la cabeza del hombre
la cabeza del hombre que pasa hambre
cuando a las seis de la mañana ve
en el cristal de una gran tienda
una cabeza del color del polvo
sin embargo no es su cabeza lo que ve
en la vidriera de Potin
su cabeza de hombre le importa un bledo
ni se acuerda de ella
sueña
imagina otra cabeza
por ejemplo una cabeza de ternera
con salsa vinagreta
o una cabeza de lo que sea con tal que sea comestible
y mueve suavemente las mandíbulas
suavemente
y hace rechinar los dientes suavemente
pues el mundo ni lo tiene en cuenta
y él nada puede contra ese mundo
y cuenta con los dedos uno dos tres
uno dos tres
es decir tres días sin comer
y por más que se repita desde hace tres días
esto no puede durar
esto dura
tres días
tres noches
sin comer
y detrás de esos vidrios
esos embutidos esas botellas esas conservas
pescados protegidos por latas
latas protegidas por vidrios
vidrios protegidos por esbirros
esbirros protegidos por el miedo
cuántas barreras por unas sardinas de mala muerte...
Algo más allá el cafetín
café-crema y bollos calientes
el hombre titubea
y en su cabeza
una niebla de palabras
sardinas para comer
huevo duro café-crema
café con gotas de ron
café-crema
café-crema
¡café-crimen con gotas de sangre!...
Un hombre muy estimado en su barrio
ha sido degollado en pleno día
el asesino el vagabundo le robó
dos francos
es decir un café con gotas de ron
cero franco setenta
dos rebanadas de pan con manteca
y veinticinco céntimos de propina para el mozo.

Jacques Prévert, Ed. Perfil, 1997.

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