viernes, 30 de noviembre de 2007

Pensamientos sueltos sobre Gelman y la poesía

Juan Gelman ganó el Cervantes. Salió la noticia en todos los canales y radios. Ahora todos hablan como si leyeran mucha poesía. Me hacen reír.

A propósito del premio, Gelman dijo algo muy cierto: se mostró muy contento por lo que significaba el premio a nivel personal, pero destacó que el premio era más importante todavía para la poesía, que siempre termina relegada por las grandes editoriales.

Me hizo pensar. Es un poco así. Las editoriales no editan poesía (por lo menos no todo lo que uno quisiera), pero también es cierto que la gente no va en hordas desesperadas a leer poesía. Sí, yo exijo más poesía, lo hace Gelman, lo hacés vos que leés este blog, pero ¿cuánta gente más lo hace?

El hecho es que la gente no lee tanta poesía. O peor: dicen que no les gusta porque la asocian exclusivamente a la rima, a lo cursi y a la escuela primaria. Tamaño error. ¿Eso es lo que nuestras escuelas enseñan de poesía?

Mm, creo que la respuesta se parece demasiado a un sí.

Bien por Gelman, bien por la poesía, entonces. Oh, ya lo anticipo. Las grandes editoriales van a publicar a Gelman de ahora en más, se va a poner rabiosamente de moda... y, aunque mi tono no sea del todo conforme por esto de las modas culturales, la esperanza está en que tanto marketing editorial pueda llevar más lectores para el lado de la poesía.

No vendría mal, ¿no?

jueves, 29 de noviembre de 2007

Mi ranita

Los que más me conocen saben de mi gusto por las ranas. Las colecciono. De hecho, mi mascota hoy es una hermosa ranita acuática. Tengo la teoría de que es un macho, pero no estoy segura. Y no tiene nombre. Más bien, a fuerza de decirle "ranita", su nombre es Ranita. No es un nombre demasiado viril, pero bueh, no creo que me entienda.

De noche, Ranita croa. Y la pecera funciona como una caja de resonancia. A veces croa tan fuerte que tengo que subir el volumen del televisor para escuchar el noticiero o las novelas.

Quien descubrió las dotes de niño cantor de Ranita fue mi mejor amiga, Soledad. Cuando vino a cuidarme las plantas y mi mascota las últimas vacaciones, escuchó algo y determinó que venía de la pecera. Hablamos por teléfono y me lo contó súper entusiasmada. Era una historia rara y... no le terminé de creer. A la vuelta, encontré sobre la mesa del comedor una nota que decía: "La rana CROA". Imagínense mi entusiasmo. Ahí sí me pareció creíble.

Niño cantor, sí, pero tímido. Pasaron noches sin que cantara ni un DO. Hasta que un día, mientras iba y venía de la cocina al comedor, escuché algo yo. Le dije a Sergio y él, tan práctico y lógico como siempre, dijo que no podía ser la rana. Y encontró un grillo justo detrás de la pecera. Vaya desilusión.

Pero al día siguiente, volvimos a escuchar el ruidito. Volvió mi entusiasmo, mi orgullo de madre y mi asombro científico. Pero Sergio encontró otro grillo. ¿Cómo puede ser que haya tantos grillos en un quinto piso de departamentos?

Claro, eso era demasiada difamación. El niño cantor era niño cantor y qué le teníamos que atribuir sus melodías a vulgares grillos. El tercer día croó de lo lindo y mi entusiasmo pudo más que la lógica. Sí, efectivamente, Ranita croaba.

Ahora mismo está croando, pero bajito. A esta hora, un poco antes también, empieza. Si lo quieren imaginar, piensen en un grillo. Es muy parecido.

Así pues, toda esta introducción viene a cuento porque hoy les traigo un poema brevísimo que trata de mis queridas ranas.

Espero que les guste.


Ranas
Salto verde.
Entre el agua y los yuyos,
las ranas.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Plaza de mayo



En Plaza de Mayo
los canas arman barrera.
No sea cosa que se levanten
los pobres
el pueblo
el hambre y la indignación.

¿De quién te defienden, presidente?
¿Acaso ese piedrazo que te tira
ese hombre de cuarenta
(que se quedó en la calle
y sin trabajo)
te va a doler?
¿O le temés a ese gordo enloquecido
bañado en gasoil hasta las lágrimas?
¿O es que no querés ver a ese viejo
que te votó
y pagó impuestos todos estos años
(ese viejo que sólo te pide
cincuenta pesos más para pan y aspirina)?

En Plaza de Mayo
los canas arman barrera.
No sea cosa que te conmuevan
esos pobres
ese pueblo
su hambre y su indignación.

(14-Nov-05 / 23-Nov-05)

lunes, 26 de noviembre de 2007

La flor de Olmedo

Que de noche le mataron
al caballero,
la gala de Medina,
la flor de Olmedo.
Sombras le avisaron
que no saliese,
y le aconsejaron
que no se fuese
el caballero,
la gala de Medina,
la flor de Olmedo.

Esto lo escribió Lope de Vega hace mucho. Y esto estuve a punto de cantarle a viva voz a una persona el jueves pasado en pleno centro, y no me animé.

Estaba en el centro de Buenos Aires, iba por la calle Perú, que se hace más angosta después de cruzar Belgrano. Casi llegaba a la esquina de la Manzana de las Luces cuando la vi. Sí, ahí parada en el medio de la vereda: mi profesora de Literatura Española I.

Una anciana mucho más baja que yo, con sus anteojos de siempre, el pelo cano y corto como cuando la conocí. Estaba ahí parada, como esperando a alguien. Busqué con la vista a la hermana, que siempre la acompañaba a todos lados, pero no la vi.

Esta mujer daba toda la impresión de una monja. Las polleras siempre largas, zapatos cerradísimos y en punta, de negro obligado, camisas cerradas hasta el último botón, cruz en el pecho, el pelo corto súper prolijo, la voz finita.

Dije antes que la hermana la acompañaba a todos lados y esto era así porque mi profesora no veía bien. Bueno, es un modo cortés de decirlo. La cosa es que casi se había quedado ciega. Entonces la hermana la ayudaba a ir de una clase a otra, le llevaba los papeles y esas cosas. Algo entre lazarillo y asistente, en el buen sentido.

Enseñaba a Lope de Vega, a Cervantes... Y cuando nos habló de la obra de teatro El caballero de Olmedo, de Lope de Vega, nos llevó un grabadorcito y nos hizo escuchar la canción cuya letra figura más arriba, cantada por ella y por la hermana, que estudiaba y sabía mucho de música. Una canción popular. Después repartió la letra y logró, no sé si por autoritarismo o por compasión, que personas de 21 a 50 años cantáramos con ella a viva voz y que, minutos más tarde, repitiéramos la experiencia, lo cual quedó grabado después de la versión de ella y de la hermana. Vaya uno a saber si eso sigue en algún lado.

El hecho es que yo venía por Perú y ahí estaba ella. Y como siempre ando cantando esa canción, la vi y fue algo automático, la canción pujaba por salir. Y me dije: "Me paro al lado y, por más que no me vea, le canto la canción y le digo que me acuerdo mucho de ella". No sé, algo por el estilo, algo lindo. Creía que cantarle iba a causar una honda impresión. Figúrense: nadie anda cantando los versos de Lope de Vega por ahí.

Apreté el paso y cogoteé para ver si estaba la hermana. Cerca de ella había un taxi y alguien medio agachado en la puerta de atrás, como queriendo sacar algo pesado del asiento o del piso. Muy bien, estaba con alguien más. Empezó a haber mucha más gente en Perú. ¿De dónde salió toda esta gente? Y cómo voy a cantarle si me están empujando. ¿Qué hago, qué hago? Yo le canto, qué importan los que están atrás, que esperen.

Faltan unos diez pasos, más o menos. Ahí me di cuenta de que no me acordaba del nombre de mi profesora. ¿Y qué le digo entonces? ¿Profesora? ¿Y no le digo el nombre? ¿Le canto y sigo de largo? Sí, total no me ve.

Cinco pasos. Un tipo me pasó y pasó al lado de mi profesora. Parecía de mármol, quieta en el medio de la vereda. ¿Y si no es ella? Pero es igual, date cuenta. ¿No ves que está idéntica? Es ella... ¿pero cómo se llama, por Dios?

Tres pasos, dos, uno. Y no me animé. Pasé al lado de mi profesora como una salamita. Encima, sin querer le pegué de costado con la cartera, le pedí disculpas casi sin voz y seguí de largo. Al llegar a la esquina, sentí vergüenza. ¿Ahora, justo ahora me voy a dar cuenta de lo gallina que soy? No, ahora vuelvo y lo hago lo mismo. Le canto el caballero de Olmedo y sanseacabó. Hago como si tuviera que ir para el otro lado y listo. Total no me vio. Vuelvo, sí, mejor vuelvo.

Pero se encendió la luz verde del semáforo y crucé.

Tal vez nunca nadie le dijo a esta profesora que le había gustado El caballero de Olmedo o sus clases. Tal vez la profesora muere mañana. Tal vez no, pero quizás ésa fue la última vez que la voy a ver en la vida. ¡Y yo, como una cobarde, huí! ¿Por qué, por qué?

Menos mal que me gusta cantar...

jueves, 22 de noviembre de 2007

El libro en mi mesita de luz: El inimitable Jeeves

Hace años leí una novelita divertidísima de P. G. Wodehouse, Guapo, rico y distinguido. Si bien leí una traducción y es cierto ese refrán italiano que dice "traduttore, tradittore" (traductor: traidor), el lenguaje y el humor genial del autor trascienden las diferencias culturales y de idioma.

Aquel libro de la editorial Anagrama no sólo me gustó por la historia de enredo y por hacerme reír a carcajadas (cosa difícil realmente), además los personajes eran elegantes, con garbo y estilo. Sí, debo admitirlo me gustan la moda, la elegancia y el buen gusto. Y me gusta también encontrarme con personajes con estas características, con un pequeño toque superficial.

El caso es que ayer, tras hacer mis trámites de empresaria por el centro, pasé por la librería Zivals, una librería que me da gusto visitar siempre que tengo la oportunidad. Es que un buen porcentaje de mis libros provino de allí.
Tentada nuevamente, entré y busqué alguna novedad en poesía. Pero ningún título me llamó especialmente. Casi había abandonado la esperanza de conseguir algo bueno, cuando llegué a la mesa donde estaban las novelas de Anagrama. Miré de reojo, tratando de esquivar a un muchacho que estaba viendo la mesa de al lado, y unas letras me llamaron la atención. El libro decía "Wodehouse". ¿De dónde conocía yo ese apellido? Entonces recordé, tomé el ejemplar de El inimitable Jeeves y fui a la caja.

Ayer lo empecé y no puedo parar de leer: Wodehouse es buen pagador. Tenía un buen panorama para hoy porque iba a haber un corte de luz por la zona donde trabajo, y vine a trabajar con la plácida idea de darme una panzada de la prosa de Wodehouse durante la mañana, qué mejor que eso. Pero no hubo corte, por lo que tendré que esperar.

Ah, qué ansiedad. Devoré lo que pude durante mi hora de almuerzo y los dejé a Bingo Little y a Bertie en el medio de un embrollo... No veo la hora de seguir leyendo.

Sí, definitivamente la carrera de Letras no logró aniquilar mi pasión por la lectura. Brindo por ello.

sábado, 17 de noviembre de 2007

jueves, 15 de noviembre de 2007

Presentación gatuna

Ayer fuimos con mi pareja a la presentación del libro Después de vos de Leonor Silvestri. Fue en la librería Fedro, en San Telmo. Un lugar chico, que se llenó de gente.

¿Qué decir? Siempre es complicado reflejar en un par de párrafos el ambiente de una presentación. Pero lo intentaré.

Por supuesto, los gatos no sólo estaban en papel. Gigantografías con las ilustraciones de Cristina Lancelloti recibían a los invitados, un hermoso gato negro que jugaba de local se paseó entre la poeta Liliana García Carril, Gustavo Alvarez Nuñez y Diego Lambertucci, presentadores del libro y un montón de gatitos estampados maullaban desde la remera gris de Silvestri.

García Carril leyó un texto que tenía preparado, que demostró su disciplina y su rigor al analizar una obra. Habló de Silvestri, del libro, de los gatos y también de otros autores apasionados por estos felinos.

Gustavo Alvarez Nuñez prefirió hablar sin guiones previos, y eso, si hablamos de coherencia del discurso, de progresión discursiva, se notó. Rescato esto: dijo que había conocido a una Leonor adolescente muchos años antes y que, tras una separación de doce años, se reencontraron. No podía creer (y a la vez admitió que era la única resolución posible) que la joven inquieta que le preguntaba por Flaubert y por el punk rock se había convertido en una figura que unía en una sola persona la provocación, la poesía y la política.

Es claro que preferí las palabras de García Carril. La brevedad siempre aporta más, a mi parecer.

Finalmente, llegó la lectura de Leonor. Fue un diálogo de poesía y música. A los poemas, seguía la interpretación del violinista Diego Lambertucci. Me gustó mucho la lectura, no tanto el violín.
Lo bueno: se notaba que los presentes habían leído ya el libro, por eso, por momentos, anticipaban los mejores versos con sonrisas.

Una noche interesante.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Mi traducción de Smoke gets in your eyes

De tanto trabajar revisando traducciones, me dieron ganas de probar suerte con la letra de una canción clásica que se llama Smoke gets in your eyes. El original es de 1933, pero después se hizo conocida gracias a Los Plateros.

Acá va mi versión de esta letra romanticona y te la dedico a vos, mi pibito hermoso y mi amor.

Hay humo en tus ojos
de Jerome Kern (música) y Otto Harbach (letra)

Me preguntaron cómo supe
que era mi amor verdadero.
Oh, claro que les dije:
no puedo negar algo tan mío.
 
Un día me dijeron: ya verás
que el amor es ciego.
Oh, cuando tu corazón arde,
date cuenta,
el humo te nubla los ojos.
 
Y me reí de ellos alegremente,
por pensar que podían dudar de mi amor.
Pero hoy se me esfumó
y estoy sin mi amada.
 
Ahora los amigos se ríen, se burlan,
no puedo ocultar que lloro.
Oh, entonces sonrío y digo:
cuando una llama de amor muere,
el humo te nubla los ojos,
hay humo en tus ojos.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Presentación de Vuelo Íntimo




Se viene la presentación de Vuelo íntimo, antología de Dunken en la que podrán leer mi poema "Manzana".

Como buena parte de estas presentaciones colectivas, el evento tiene un cupo de asistentes, por lo que no voy a poder invitarlos. A título informativo, les cuento que va a ser el 15 de diciembre de 2007 a las 11 en las instalaciones de la editorial.

Lo importante es esto: a partir del 15 de diciembre, pueden comprarse su ejemplar de Vuelo íntimo y leer mi poema.

¿Dónde? Acá van los datos:

Editorial Dunken
Ayacucho 357, Capital Federal
Tel/Fax: (011) 4954-7700 rot.
www.dunken.com.ar

jueves, 1 de noviembre de 2007

reunión familiar

esos parientes como insectos
sólo zumbido y aguijón
aletean y aletean y yo sólo quiero
raid

01 Nov 07