viernes, 5 de octubre de 2007

Leer y releer o animarse...

Hubo una época en que me atacó la fiebre consumista cultural, una especie de fanatismo esnob por los libros que me llevaba a comprar compulsivamente novedades editoriales, ofertas irresistibles de la mesa de dos pesos y hasta más de una edición del mismo libro.

Así fui armando mi biblioteca. Tengo libros que amo, libros que me regalaron, libros en los que participé, libros que me traen recuerdos de la facultad, de cuando estudiaba mis griegos y latines, de cuando era chica y leía cuentos rusos. Son mi tesoro.

Cuando dejé la carrera de Letras y, simultáneamente, dejé de comprar libros, porque había pasado la fiebre y se había agotado el dinero, quedé a un lado del camino. No me enteraba de las novedades, no conocía a las "jóvenes promesas"...; en pocas palabras, no salía de mis libros.

Vivir en un termo por unos años me vino bien, debo reconocerlo: leí miles de veces mis poemas favoritos, intenté memorizar algunos versos, conocí mejor a ciertos autores. Es bueno como técnica para desintoxicarse tomar contacto con lo propio, lo admirado, lo deseado, sirve, pero no alcanza.

Entonces me llegó el tiempo de abrir libros nuevos, preguntar qué se lee al vendedor, buscar en internet poetas contemporáneos... animarme. "Hay tantos mundos allí afuera ¡y me los estuve perdiendo!". Por eso, esta nueva etapa. Ya leí y releí mis preferidos. Ya fui y volví. Ahora me animo.

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