jueves, 21 de junio de 2007

Después de escribir

La sensación que me deja el poema recién escrito es bastante parecida a cuando, después de estar parada cuarenta y cinco minutos en un colectivo lleno, puedo sentarme. Después paso por el enamoramiento. Éste es mi mejor poema, pienso. Claro que a los tres o cuatro días la perspectiva cambia y estoy más del lado de prenderlo fuego que de conservarlo.

Y así queda el poema, casi olvidado hasta que un día se me ocurre corregirlo, sacarle lustre y reconciliarme con él.

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